Nadie me Esperaba.
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Foto: Alfredo Escobar
Ese año Chile No tuvo equipo. Llegué a Guayaquil para enterarme que nadie había venido de Chile, aunque había un representante más que había venido desde República Dominicana... era solamente un quinceañero desconocido de nombre Manuel Selman.
Manuel fue cobijado por el equipo Venezolano, Peter Rangel lo trataba como a un hermano menor. Por mi parte me acomodé con el equipo que tuviere más amigos, es decir los argentinos (Di Marco, el gran Negro Alejo... ). Todos nos quedamos en la Hostería del Mar, con un paisaje de magazine, frente a una izquierda que no era ni la peor ni la mejor que he surfeado. Una noche entrevisté a Selman y la nota fuepublicada en la desaparecida Revista Marejada).
Llegar al Mundial Isa 2004 no fue facil... la vida de un surfista No es color de Rosas.
Es una larga historia, mis auspiciadores No aprobaron el viaje hasta último minuto, undía antes compraron el pasaje de Lima a Guayaquil, que era lo que faltaba... me quedaba poco tiempo para llegar. Cruzé la frontera (que estaba tomada) en taxi, entre gritos y protestas, quisieron llevarse mi tabla. Después pasé una noche en Lima, cuando llegué estaba oscureciendo y pude surfear una hora en la costa verde. A las 5 de la mañana estaba tomando un vuelo a guayaquil, dode nadie me esperaba (transporte había, pero solamente para delegaciones). Y los taxistas cobraban 300 dolares para llevarme al campeonato. Cruzé la calle y entré a la ciudad, eran las 8 de la mañana y el sol amenzaba con derretir las calles y a mí. Caminé unas 10 cuadras hasta que llegué al paradero. El bus estaba lleno y me vecino de asiento comía una papa rellena tras otra. Cuando llegamos a Salinas unos militares custodiaban la entrada y No me querían dejar pasar, estaban formando al público en grupos por orden de llegada. Vi cientos o tal vez miles de personas queriendo entrar a la playa de la FAE.
Las mangas ya había comenzado, mi manga comenzaría en media hora y le expliqué a los militares que en realidad era un competidor que había llegado atrasado. Entré corriendo me pasaron la lycra, agarré una ola y me sacaron una foto que años más tarde (presisamente 5) encontraría navegando en Internet. Entonces recordé que esa vez en Guayaquíl nadie me esperaba.






